domingo, 21 de mayo de 2017

CUERPOS DE YESO





Situación 1.

En una noche del lejano año 79 el Vesubio inició una repentina actividad y grandes cantidades de lava y ceniza se deslizaron por sus laderas inundando todo cuanto encontraban en su descenso. Y así será cómo la ciudad de Pompeya se quedaría suspendida en el tiempo para siempre.

En 1858 el arqueólogo Guiseppe Fiorelli, contemplando la lava que aun cubría Pompeya, tiene la feliz idea de introducir yeso líquido a través de las cavidades abiertas en la superficie, intuyendo que en el interior de la lava deben quedar los huecos de los cuerpos, completamente descompuestos por el paso de los siglos, de los habitantes sorprendidos por la erupción del volcán.

En el verano del 2015 el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles organiza una magna exposición que, a través de numerosas piezas, pretende poner de manifiesto la constante y poderosa influencia cultural de la mítica ciudad; complementándose con una instalación, denominada “Raptados en la muerte” y diseñada por el arquitecto Francesco Venezia, en la que se exponen hasta 30 relieves de las primitivas victimas sobre un fondo negro. Unos falsos cuerpos que sin embargo expresan, en su inalcanzable plasticidad, un icónico sentido de la tragedia.




Situación 2.

Todo el año  1911, cuando Le Corbusier contaba con 24, lo dedica por completo a viajar. Recorre Viena, Rumanía, Turquía y Grecia, para terminar en Italia. Un grand tour, fiel al estilo instituido por Richard Lassels en 1670 en su obra “El viaje a Italia”, y cuyo recorrido por Italia, siguiendo las recomendaciones de Goethe, que también publicó su propio Viaje a Italia, concluyó en Pompeya. Y allí que llegó el joven LeCorbu, con su cuaderno de viaje y con su afán de arquitectura, para hacer un dibujo esquemático del foro al que incorpora el siguiente texto: (las columnas a contra luz son “añadidas” / para explicar el espacio.

Ahí tenemos al arquitecto que gobernará la arquitectura del siglo XX manifestando su inquetud por el espacio, por su configuración, por su apropiación, por su conceptualización. Podríamos estar en un momento instituyente de una  nueva era espacial, ajena al genius loci, la del espacio moderno.  

Pero lo que quizá no sepa Le Corbusier es que las montañas del fondo de su dibujo, esas de las que parece desentenderse, son las de la Costa Amalfitana, que por su interés natural y cultural serán declaradas por la Unesco, en 1997, Patrimonio de la Humanidad.






Situación 3.

En una luminosa mañana de mayo de 2017 Juan Antonio Sánchez  Morales (es decir yo), con 57 años y aún de Erasmus, visita Pompeya. Como no pudiera ser de otra manera, también queda perturbado por la intensidad de la experiencia y sorprendido con agrado de que una gran parte de la ciudad se hay dejado sine excavar, ofreciendo una clara imagen de la capacidad reconstructora de la propia naturaleza que contrasta con el grosero hormiguero humano que escudriña lo revelado.

Ese mismo día, pero por la tarde, se dirige a Cetara, una de las localidades con más encanto de la Costa Amalfitana, se recosta en la playa y empieza sentir un elevado ritmo cardiaco, vértigo, confusión, palpitaciones, … Busca explicaciones y duda. Bien pudiera ser los efectos propios del sindrome de Stendhal. Pero también pudiera ser efecto de una súbita violencia antropocena acelerada con softwares de edición digital.



Fuese lo que fuese el caso es que allí quedó también inmovilizado para siempre.

domingo, 18 de diciembre de 2016

TIROTEO EN EL O.K. COLECTIVO

El sábado 25 de abril de 2009 la edición impresa de El País publicaba un artículo, a doble página y firmado por Andrés Jaque, con un titular provocador: El arquitecto no es un creador solitario[1]. Por el relato de Andrés, que exponía un nuevo contexto productivo emergente en el que la figura del arquitecto tradicional se empezaba a tambalear, aparecían, por orden de intervención:  Zuloark (abierto a todo el que se siente zuloark), PKMN (ciudad crea ciudad), Zira 02, y Leon 11, estos formando parte de la plataforma Zoohaus, más Motocross, el grupo MMMM, Basurama y Ludotek.







El artículo de Andrés tuvo una notable repercusión pública, pudiéndose constituir en el acelerador generalizado de apertura de una línea de fuga de aquel presente, marcado por los momentos profundos de la crisis, que contaminara extensivamente el mundo profesional y muy intensamente el académico, aunque el propio Andrés no las tuviera todas consigo, como deja bien claro en la conclusión de su artículo: No está claro que todos ellos vayan a encontrar nichos de oportunidad en un mercado que pide a los proyectos lo mismo que a un galán de telenovela: una encarnación unipersonal, heroica y sin rastro de duda o contradicción.

Tres años después, 2012, en el número 145 de la revista Arquitectura Viva, el asunto  alcanza la portada y copa los contenidos, los colectivos ya han adquirido, al menos para el director de la revista, la condición de necesarios, en un sorprendente giro de su tradicional línea editorial. En ese tiempo parece que el virus se ha extendido por toda la geografía estatal y los colectivos se ofrecen o postulan como la única alternativa al derrumbamiento del ejercicio profesional tradicional que conlleva la pertinaz crisis. Lo colectivo deja de ser una posible referencia porque alcanza la categoría de modelo.  El encargado ahora de su presentación será Iván López Munuera, para quien los colectivos se han desarrollado tanto que han adquirido la condición de todo un plural ecosistema español, y en consecuencia el número de los seleccionados aumenta significativamente, pasando de los 8 de Andres a 48 con Ivan. Los colectivos parece que, además de ofrecer un sistema de trabajo distinto, ofrecen una nueva arquitectura, la brecha generacional, en palabras de Ivan, también adquiere la condición de cognitiva.

Transversalmente, a partir del año 2010 y con un final pronosticado para el año 2019, transcurre otra historia: la Ciudad del Pop de Kaohsiung, protagonizada en este caso por Manuel Alvarez-Monteserín y que acaba de describirse con todo detalle en un post del blog yorokobu[2], un espacio que propone slow reading de asuntos relacionados con la creatividad y principalmente dirigido al emprendimiento.  En lo sustancial se trata de que, para sorpresa de todos, un posible colectivo gana un concurso oriental de gran presupuesto, pero no solo eso, porque después de numerosos avatares consiguen mantener el control sobre el desarrollo ejecutivo y la propia dirección de obra.

La historia de Manuel quiebra así con los presagios de Andres, al romper con ese techo entre romántico y “perroflautico” en el que parecían encasillados los colectivos. Manuel había desarrollado, entre otras cualidades, una excepcional habilidad para la infografía y sospecho que cuando Andrés escribe que a base de echar horas sin echar cuentas y explotar su posición privilegiada ante la brecha digital, pueden producir para un concurso de propuestas arquitectónicas una densidad de píxeles por centímetro cuadrado de panel, que la oficina asentada jamás podría encajar en una contabilidad normalizada pudiera estar pensando particularmente en él, pero además adquiere y demuestra las capacidades diplomáticas necesarias para la negociación con los promotores y para la gestión de los equipos de producción.

            



Pero la historia de la Ciudad del Pop también conlleva significativas pérdidas: pelo, pareja y amigos, en palabras del protagonista, y un inquietante fracaso del colectivo, en opinión de quien esto escribe. Manuel era miembro del originario León 11 que, aunque digitalmente aun hoy pareciera estar vivo, poca duda persiste de que casi todos ellos deambulan por separado. En el caso particular de Manuel poniendo en marcha OMNI[3], un coworking periférico de creatividad y producción.

Pudiéramos  pensar que este es un caso aislado y que el sistema colectivo se conserva vigoroso y expansivo pero, sin que la historia se haya hecho pública, lo cierto es PKMN al menos se ha fragmentado en unas partes que creo que ya no reúnen las condiciones necesarias para lo colectivo. Y en el Campo de Cebada, ese gran hallazgo público y tangible de empoderamiento vecinal que se abrió en septiembre de 2010, ya se ha puesto fecha para el final de la temporalidad[4]. Podríamos seguir, pero nos atrevemos a concluir que lo colectivo parece incapaz de superar ese momento crítico del enfrentamiento en duelo con las fuerzas todopoderosas del capital, en cualquiera de sus versiones últimas. Cuando quienes escriben la historia de Manuel empiezan a relatar los problemas se ven necesitados de ofrecer una explicación que encuentran en: la falta de jerarquía. Y, ciertamente ese es el sentido del duelo, un duelo de jerarquías, o más bien un duelo entre su ausencia y su permanente relevancia.

Pero ni mucho menos este pretende ser un texto que de noticia del abatimiento de lo colectivo. Lo ocurrido, en el caso de que efectivamente hubiera ocurrido como se relata y si no fuera así tampoco es relevante, informa de la dificultad que ofrece cambiar los sistemas, de lo delicado que resulta enfrentarse a determinadas fuerzas cuando estas empiezan a reconocerte como una posible amenaza, lo que en nada reduce la necesidad o la conveniencia de hacerlo y mantenerlo. Christian Laval y Pierre Dardot acaban de publicar un extenso ensayo con el que se muestran confiados en la capacidad de lo común para instituirse, con un desarrollo profundo, en la base de una revolución imprescindible[5]. En su texto, después de profundizar en las múltiples formas de institución de lo común, ofrecen una serie de proposiciones  políticas, tanto teóricas como prácticas, que fundamentalmente valoran como premisas de un razonamiento que solo las luchas prácticas podrán construir y desarrollar. La empresa común (propuesta 4) es el claro marco teórico del colectivo, cuya presencia debemos conseguir, entre todos, que prevalezca en la esfera productiva de la economía arquitectónica, y de lo que empezamos a tener noticias es de las enormes dificultades que como empresa ofrece.





[1] No dispongo de la edición en papel, pero el contenido del artículo se puede ver en: http://elpais.com/diario/2009/04/25/babelia/1240614367_850215.html

[2] http://www.yorokobu.es/ciudad-del-pop-taiwan/

[5] Laval, Christian, Dardot, Pierre. Común. Gedisa editorial. Barcelona. 2015

domingo, 15 de noviembre de 2015

UN TERRITORIO DETERMINADO

En la escalada de declaraciones propia del momento me ha sorprendido el aparente reconocimiento del Estado Islámico como tal, como un Estado nuevo al que parece que estamos cerca de formalizar una declaración de guerra. En palabras exactas de Hollande: "Los atentados de Paris son un acto de guerra del Estado Islámico". Sin embargo que el Estado Islámico efectivamente lo sea abre un debate jurídico de enorme complejidad. Debiéramos empezar recurriendo a la Convención de Montevideo, de 1933, sobre Derechos y Deberes de los Estados, en la que se establecieron cuatro requisitos para el reconocimiento: una población permanente (i), que habita un territorio determinado (ii) y administrado por un gobierno (iii) capaz de mantener relaciones con otros Estados (iv); a los que con posterioridad se han impuesto, de facto, otros dos criterios complementarios: la independencia y la legitimitidad.

Pero lo que aquí nos proponemos abordar es solo un pequeño análisis de ese segundo requisito el de: un territorio determinado. Si buscamos por la web el territorio del Estado Islámico nos encontramos con un espacio expansivo que a día de hoy se suele cartografiar del modo siguiente:


El EI es algo novedoso, tiene una forma de crecimiento que no se corresponde con la que imagino típica de mancha de aceite en los habituales movimientos de expansión territorial. El EI no es una superficie de perfil más o menos complejo. El EI es un sistema nervioso que se expande a través de corredores, de arterias pertenecientes a otros Estados. El EI, pues, se infiltra sobre lo existente y se desarrolla a lo largo de canales que revelan una inteligencia, una estrategia, un conocimiento profundo del territorio. El EI es un virus que no está interesado por cualquier suelo, por la extensión sin más, tan solo por una parte relevante de él. ¿Pero cuál? Pues ni más ni menos que los cauces de los ríos Tigris y Eufrates. El EI está empezando a gobernar en los dos ríos más antiguos de la humanidad, en los dos grandes ríos mesopotámicos que configuraron eso que gustan llamar "cuna de la civilización". Así que al margen de esa pregunta que muchos se están haciendo sobre el origen de las armas del EI, lo que la ocupación territorial permite asegurar es que agua no les va a faltar.

Pero este territorio en apariencia desértico y hostil también disfruta de otro bien no menos preciado, el petroleo, cuya caprichosa presencia subterránea permite construir otra cartografía que completa la explicación sobre el territorio determinado:


Entonces el territorio determinado del EI es el territorio estricto de los dos bienes de mayor valor del planeta: el agua y el petroleo, lo que sin duda permite imaginar que con una gestión administrativa mínima puede generar una situación económica más que saneada.

No creo que el EI pretenda reconquistar Al Andalus, pero sí creo que el EI emerge como un nuevo actor en la Región que incluso antes de ser extirpado termine siendo reconocido. Desde luego su política territorial no puede ser más estratégica en cuanto a obtención de recursos y sistema de infiltración.



sábado, 13 de diciembre de 2014

Carta abierta a Freddy Massad




Se define usted en la biografía de su blog como crítico por instinto de disconformidad, por la negativa a aceptar nada pasivamente. Comparto plenamente este espíritu, efectivamente creo que una de las condiciones necesarias para la práctica de la arquitectura y, desde luego, para su análisis, es la presencia de un pensamiento crítico. Sin embargo ha llegado un momento en el que sus críticas constantes hacia un determinado posicionamiento arquitectónico me han exasperado. Otra forma de decir que con este último ataque a “mis” arquitectas disfrutistas ha conseguido sacarme de quicio.

Aprovecho para meter cuña filosófica: como sabrá la expresión “El tiempo está fuera de quicio” que soltara Hamlet ante la presencia del fantasma de su padre, tuvo mucha repercusión en el mundo del pensamiento vinculado al paradigma trágico –heroico. S. Freud, J. Lacan, J. Derrida, o Deleuze, entre otros muchos, arrancan parte de sus contribuciones desde esta reflexión de sorpresa ante el comportamiento del tiempo como forma de expresar las dificultades de entender el propio presente. Jose Luis Pardo, por ejemplo, en su libro “El cuerpo sin órganos” dedicado al análisis de la obra de Deleuze escribe:

El tiempo está fuera de quicio, decía Hamlet, y Deleuze define así lo que ocurre con la modernidad. Delueze, por tanto, entiende que no hay manera de acercarse a ese tiempo nuevo si no se elabora un nuevo concepto del tiempo. El tiempo antiguo es cualitativo, sucesivo, estacional, inseparable de los sucesos que lo llenan. Pero el tiempo fuera de quicio es el que ha roto con ese orden, no solamente en lo cosmológico sino también en lo político. Hoy puedes comer kiwis todo el año, ya no hace falta esperar al momento de la recolección: el tiempo moderno se despliega al margen de las cosas que pasan en él, al margen de los sucesos, puede llenarse de cualquier manera y la única forma de pensarlo radicalmente es, según Deleuze, la apuesta nietzscheana del eterno retorno.

Pues bien, como le decía, yo estoy temporalmente fuera de quicio, la arquitectura es probable que atraviese una etapa desquiciada, pero de lo que no tengo la menor duda es de que sus juicios maniaco-persecutorios están completamente fuera de quicio.

No aludiré a mi querido Andrés Jaque, es suficientemente mayor e inteligente como para defenderse solo o desentenderse de estas cuitas. Pero insistiré en defender a Paula y Rosana, las quiero demasiado, o son aún demasiado frágiles, como para no saltar ante esta ofensiva.

Podría hablar mucho de ellas pero solo me referiré a mi experiencia del año pasado como coordinador suyo de lo que en Alicante llamamos proyectos0. Durante horas he sido testigo de su docencia y puedo asegurar que la ejercieron con dos cualidades que desde luego yo envidio, y creo que usted también lo haría si no fuera tan prejuicioso. Son extremadamente competentes, tanto por sus conocimientos y recursos como por su dedicación y entrega, y son increíblemente afectivas, lo que se traduce en la creación de un espacio creativo y formativo inigualable. Habría sido estupendo que lo conociera.

Pero el tiempo, volvamos al tiempo, qué tiempo este, ¿no? Qué tiempo extraño, en el que se simultanean los amantes del tiempo antiguo con los que experimentan con el tiempo nuevo. Que el tiempo pasa, nos vamos haciendo viejos, el amor no lo reflejo, como ayer, en cada conversación, cada beso, cada abrazo, se impone siempre un pedazo de razón, para Pablo Milanés no es un buen síntoma y usted debiera ir mirándoselo.


Está cambiando el tiempo, incluso hace tiempo que debiera haber cambiado y radicalmente. Puede seguir resistiéndose cuanto quiera pero solo va coger un disgusto detrás de otro al tiempo que no va a parar de darlos. La crítica es la crítica del tiempo de la resistencia a él y el humor necesario es la mirada serena a los nostálgicos.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Gestos digitales




Me pegunto qué tipo de espacio, o qué tipo de local, es este de fb cuando asisto atónito a la que se ha liado con la destitución de Javier (no añadiré apellido) en la dirección del CENDEAC. Y me lo pregunto porque hace ya tiempo que pienso que el espacio digital ha sustituido en relevancia al analógico en lo que antes fuera cualquier lugar relacionado con lo público. Una transición que sin duda tiene efectos disciplinares quizá aun poco evaluados.

Que la plaza o la esquina de una calle de esa ciudad de Jane Jacobs ya no constituyen el lugar de encuentro social que fueron es un hecho. Que el auditorio, el aula, cualquier foro, hasta un círculo de Podemos si se quiere, ya no son lugares de discusión verdadera, de formación o de confrontación de ideas, ni de construcción del colectivo, es también otro hecho evidente. Que en las peluquerías, en las cafeterías, en los autobuses, en los mercadonas o en los supercores, es el smartphone quien ejerce su hegemonía tampoco parece discutible.

Todo ha sido redirigido hacia el interespacio digital. Y allí, o aquí, todo se vierte, de momento, de forma indistinta, es un espacio completamente abierto en el que se agolpa lo lejano con lo próximo, lo emocional con lo intelectual, lo íntimo con lo genérico.

El fbespacio además se expande constantemente, multiplicándose conversaciones cuyo hilo resulta ya imposible de seguir, agregándose incansablemente nuevos contenidos y nuevos formatos. Es pues un espacio galáctico y expansivo que creo que se densifica a una velocidad mayor de la que crece.

Es también un espacio por supuesto completamente informe en el que lo único medible es la pura actividad, una actividad incesante que solo tiene alguna decaida en las horas profundas de la noche. Es un espacio lleno de lenguaje y de afán de comunicación. Unas comunicaciones que sí podrían medirse en alguna forma topológica que resulta más o menos imaginable. Pero en esta búsqueda de cierto conocimiento al respecto hay otra cuestión que empieza a llamarme poderosamente la atención.

Es sabido que en comunicación el lenguaje no verbal resulta tan relevante como el verbal. Desde que en 1952 apareciera Introduction to Kinesics del antropologo Ray Birdwhistell hasta la fecha, el número de investigaciones realizadas sobre el gesto, las posturas y el lenguaje corporal, cualquiera puede comprobar que resulta apabullante. Pero todos estos trabajos requieren la presencia física de la persona, requieren que el otro esté ahí, delante de ti, aunque sea con una pantalla de plasma de por medio.

Sin embargo, aunque en el fbespacio el otro no está delante, yo al menos, empiezo también a desarrollar, ante las comunicaciones de otros muchos, ciertos análisis no verbales. Y si esto fuera real o verdadero creo que significaría que yo, o tú, soy más yo mismo al otro lado de la pantalla que ahora miro y para la que trabajo; que yo, ya no soy un cuerpo tecleando a este lado, ni tu otro cuerpo leyendo la pantalla por el otro extremo, sino que ambos somos figuras desfiguradas y en construcción en un nuevo espacio público germinal.

¿Y qué tiene que ver esto con el revuelo con Javier?
- Pues que por su extensión quiero ver en él la posibilidad de reconocer afanes más allá de los propios discursos, creo ya reconocer incluso actitudes en imprevistas interpretaciones de gestualidad. Es decir no solo leo, es que cuando leo veo unos cuerpos que mis ojos no ven.

¿Y la arquitectura?
- Pues me da que urge establecer un nuevo campo de interés









viernes, 31 de octubre de 2014

La perplejidad de los austriacos




Antes de llegar a mi casa y después de un intenso día docente alicantino echamos un rato en Diego Marín. Miguel Mesa recogió el último libro de Zizek (lo propio de quien está a la última) y yo compré al albur uno de Modiano (lo propio de quien no lo está). También deambulamos por los pasillos, como también es propio, rodeando las mesas de novedades, entre las que especialmente nos sorprendió el libro de María Blanco sobre Las Tribus liberales, evocando con mucho agrado el reciente congreso del Cendeac sobre estos años, cuando aún no sabía lo que me aguardaba.

Ya en casa, por rutina, encendí el ordenador para ponerme al día (todavía reduzco mi conexión a una diaria) y en el natural deambular informático entré en la web de La Verdad.  Enorme sorpresa: con grandes titulares se informa de algo parecido a la dimisión de José María Ródenas y Margarita Ros. Tras asimilar el titular me intereso por los detalles y agotada esa búsqueda intento con este escrito ordenar un pensamiento, incluso mejor, ser capaz de construir alguno para mi propio consumo.

Siempre pensé que mi muerte llegaría con dos estabilidades: el acompañamiento de mi "penchoneta" y la responsabilidad urbanística autonómica de José María Rodenas. Mi furgo tristemente murió hace poco en una cuesta, también volviendo de Alicante, y todo apunta a que a partir de mañana la responsabilidad urbanística es probable que vaya a otras manos (lo que tampoco puede interpretarse como una buena noticia). Así mi vida desde luego es más inestable, pero se abre de súbito una nueva ventana territorial.

Durante un breve periodo de tiempo y hace ya muchos años (hablo de más de 20), José María Rodenas y yo eramos compañeros de responsabilidades públicas en el ámbito regional y en igualdad de escala, él con el Urbanismo y yo con la Arquitectura. Yo lo dejé muy pronto, pero el siguió ininterrumpidamente hasta hoy, dirigiendo la política territorial autonómica, en cargos indistintos y probablemente cada vez con más autonomía. A lo largo de este tiempo hemos tenido esporádicos encuentros, en los que nunca estuvimos de acuerdo, diría que en nada; todas nuestras conversaciones eran puro antagonismo y creo que cada vez más determinadas por su éxito vital frente a mi fracaso evidente. En el vagón cafetería del Talgo, volviendo de Madrid y sobre Lorca, es la última que recuerdo. Sin embargo siempre fueron mutuamente cordiales y respetuosas. Eramos, llegaría a decir y mantengo, amigos, por muy extraña y lejana que esa amistad fuera. Y sobre esa base, estoy plenamente convencido de que su imputación nada tiene que ver con la corrupción.

El apartamiento judicial, forzado o voluntario aquí da igual, de su responsabilidad, tiene su explicación en otro escenario, pertenece a otra esfera. La lectura con detenimiento del auto ayuda mucho a su esclarecimiento. El juez, incluso ignorantemente, apunta a lo ideológico, a lo institucional. Así, esa razón otra es la que me gustaría ser capaz de configurar, de esclarecer.

Es ahora cuando se precisa rescatar lo acontecido por la tarde.

En ese reciente congreso organizado por el Cendeac con el título de España sin (un) franco, se presentaron dos opciones ideológicas claramente antagónicas, ambas muy bien armadas teóricamente y absolutamente confrontadas. De una parte los liberales, particularmente identificados en la raíz austriaca protagonizada por Friederich von Hayek, presente en una de las ramas del árbol de la portada. De otra el disperso mundo de lo radical, aquel que se mueve entre la continuidad y/o superación del materialismo histórico, entre los que últimamente Chantal Mouffe me despierta un especial interés con su pluralismo agonístico, Simon Critchley con su anarquismo místico, o César Rendueles con su nuevo institucionalismo.

Pues bien, veo ahora con claridad que en la base de esas discusiones históricas entre José María y yo estaba la inevitable pertenencia, probablemente desconocida, aun intuitiva, de cada uno de nosotros a un bloque diferente. El es un liberal convencido, yo un radical inevitable, y ambos cada vez más progresivos.

Pero la cosa relevante sería pensar que ese liberalismo extremo, para perplejidad probablemente de todos, se ha convertido en una actitud sospechosa. O mejor dicho que el gobierno desde el liberalismo radical desemboca en unas prácticas (podríamos decir informes) que judicialmente llegan a ser problemáticas, implicadoras.

El liberalismo también pasa completamente tanto de la ontología orientada a objetos como del materialismo relacional (los campos favoritos de Miguel Mesa) y este desentendimiento choca frontalmente con una sencilla perspectiva judicial, ya no se entiende, no se acepta o no se permite.

Quedaría una evaluación emocional. Podría estar contento, no deja de ser una especie de pequeña victoria en una larga disputa. Sin embargo la realidad es que me entristece. Quizá porque siendo claro que las interpretaciones de estos y otros muchos hechos han de conducir a un cambio inevitable o necesario, no creo que lleguen a formularse los diagnósticos precisos. Quizá porque el rechazo ya sistémico que se está gestando en nada garantiza que los recambios alberguen la esperanza de introducir ese nuevo institucionalismo renduelense.


jueves, 2 de octubre de 2014

La lógica vuelve a Verónicas

Un texto anónimo que te entregan a la salida refiere la experiencia que acabas de tener como una abrumadora inmersión hacia nuestro propio interior, efecto de los deslizamientos físicos y cromáticos que Nico Munuera es capaz de realizar en las pinturas que cuelgan por fin de las paredes de la Sala de Verónicas.

Sin embargo, el tiempo que el autor del texto reclama para que cada uno se sumerja en sí mismo como efecto de estar mirando cualquiera de esos cuadros de gran formato, yo lo he dedicado a interrogarles, a preguntarles qué hacían allí, que pretendían con su presencia, si tenían algo que decirme, incluso si tenían algo que pedirme. Ha sido después cuando he comprobado el error: aquello no está pensado para el nosotros, está pensado para el yo; pero ya era tarde, las preguntas estaban hechas, aún más, ya disponía hasta de las respuestas.

Es probable que la contemplación obsesiva de esos espacios cromáticos pueda conducir a estados místicos. Poco que decir del orden, de la pulcritud, del esmero, de la sutiliza, de la seriación, de la fragmentación, incluso de la manipulación del tiempo o de la pericia técnica. Pero lo que sin duda es cierto es que Verónicas traslada un claro mensaje político de reconquista y de hegemonía, incluso de limpieza y purificación. Me consta la tranquilidad de muchas conciencias: se ha restituido el control disciplinar.

Pero lo siento, a algunos nos interesa el desorden, la experimentación, lo contingente, lo relacional, la incertidumbre, lo, incluso, incomprensible, o lo inaprensible.

Leí con entusiasmo este verano el relato de Vila-Matas de su experiencia en Kassel, un encuentro abierto, desprejuiciado, con el arte contemporáneo que a lo largo del texto paulatinamente le va atrapando hasta alcanzar un entusiasmo performativo,  hasta acabar sintiéndose otro, por efecto de una secuencia de experiencias que en ningún caso, como el título resume, invitan a la lógica.

Verónicas es ahora una experiencia inversa, una experiencia racional que te proyecta a un pasado antropomórfico imposible de relacionar con el presente.


Así frente al pretendido efecto balsámico de este indiscutible giro radical, al menos deben saber que a algunos visitantes a la salida les hierve la sangre.